“I will remember your small room, the feel of you, the light in the window, your records, your books, our morning coffee, our noons, our nights, our bodies spilled together, sleeping, the tiny flowing currents, immediate and forever. Your leg, my leg, your arm, my arm, your smile and the warmth of you who made me laugh again.”
— Charles Bukowski, ‘Raw With Love’
In 1970, Gary Anderson was a 23-year-old college student at the University of Southern California, when a Chicago container company held a design contest to raise awareness about the environment. Anderson’s submission won, and it became the internationally recognized recycling logo… he was paid $2,500 for it.
Read more here.
Boring damned people. All over the earth. Propagating more boring damned people. What a horror show. The earth swarmed with them.
Saying good bye at Penn Station, New York City, 1944. Photo by Alfred Eisenstaedt.
I understand you, sister.
The Illusion of Separation
“A human being is a part of the whole called by us ‘the universe,’ a part limited in time and space,” wrote Einstein in 1950. “He experiences himself, his thoughts and feelings, as something separate from the rest—a kind of optical illusion of consciousness.” It’s a brilliant and fascinating perspective, and science tells us that it’s true. Our eyes inform us that there is a definite boundary between us and the world around us, and so we perceive ourselves as entities separate to the wider universe—as individuals just making our home in this vast place. But when we take a step back, we can see that we’re molecular machines built from a specific arrangements of atoms—atoms that existed before we were born and will continue to exist after we die. They were recycled from the dust of dead stars, and we’re only their temporary custodians. Fundamentally, each of us is just a tiny individual expression of an enormous singular entity—so we are the universe perceiving and studying itself. The idea that the individual and the universe are inseparable is a humbling, counter-intuitive and ultimately awe-inspiring idea—there’s a mad kind of beauty in knowing that we do not live in the universe, but rather we are the universe. As Feynman wrote: “I…a universe of atoms…an atom in the universe.”
(Via: sciencesoup)
Éxposition à Paris du Mastère Spécialisé en Création et Technologie Contemporaine.
Soyez les bienvenus !
It’s quite an undertaking to start loving somebody. You have to have energy, generosity, blindness. There is even a moment right at the start where you have to jump across an abyss: if you think about it you don’t do it.
I am an experienced, passionate and highly qualified freelance graphic designer with almost ten years of experience. Working primarily with Brand Identity and Interface Design. I create visual design, produce interaction prototypes, mockup and wireframes.
Interaction designer, animator, graphic designer, community manager.
Responsible for creating interface's design, animation 3D and illustration for interactives. Corporate identity, interactive catalogue, website's interfaces.
--------------------------
Me desempeñé en distintas áreas del Instituto, exportando publicaciones impresas al lenguaje digital, diseñando presentaciones para proyectos del instituto. Posteriormente trabajé en el proyecto Enciclomedia diseñando interfaces, animaciones para intros e interactivos, ilustración y diseño web.
Multimedia presentations for different marketing projects. Creation of several elements for videos: supers and 3D animation for tv shows. Logotype and web design for the magazine 24Xsegundo.
------------
Diseño de logotipos, productos multimedia para presentaciones de proyectos televisivos, cortinillas, supers, animación 3D. Diseño de la página web de la revista 24Xsegundo.
Últimamente he estado recordando mucho a mi familia. Sobra explicar el motivo. El otro día estuve leyendo entradas viejísimas de este blog e intenté reconocerme en ellas, algunas veces lo logré y otras no, sobre todo porque no me encontraba a mí, sino a esos que extraño como idiota, mis seres queridos.
Pensé en mis padres y lo que les aprendí. En mis abuelos y que sin mucho contacto con ellos parece que les heredé, según lo que me cuentan o lo poco que alcancé a conocerles. Ya alguna vez expliqué que las teorías de Jung y su inconsciente colectivo (o memoria genética) no me son del todo extrañas. De repente uno se entera sin querer que reincide en procesos y comportamientos de familiares que ni siquera llegó a conocer bien. Mis cuatro abuelos aunque lejanos y parcos me son próximos y me producen una empatía sincera. Aún viviendo épocas distintas y en lugares tan dispares. Un pueblito de Guerrero, Cuernavaca, el Distrito Federal y yo ahora en París. Ahí vamos, repitiéndonos a la orden de los genes. Porque por más que intento separármeles no puedo.
El pasado y su legado no sólo se limitan a las experiencias de vida. Cargamos aún con más. Tendría que aprender a reconocerlo.
Soy lépera por Hermilo, geniuda por Domitila, controladora por Heladia, buena gente por Crisóforo. Parrandera, dubidativa, cariñosa, noble. Entrona, organizada, preocupona, temerosa. Cabrona, controlada en situaciones extremas, despreocupada. tranquila. Iracunda, extremista, desconfiada, amable. Bromista, ahorradora, despilfarradora, amorosa.
¿Cómo no ser una contradicción? No sólo yo, todos estamos aguantando el peso de generaciones y patrones que se repiten.
Esto es un poco una despedida y un desahogo.
No sé que siga. El punto es que ya no sé si vale la pena publicar esta intención constante de definirme.
Era el año 2002 y en la capital de la República Mexicana el jefe de gobierno era el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. No voté por él, nunca simpaticé con él. Encontraba todas sus posturas fingidas, populistas, demagogas y el largo etc. que conforma el discurso de quienes lo repudian. Yo pensaba todo eso también. No voy a negar que la opinión política de mi familia y amigos no jugaba una parte importante en la simpatía que sentía por el PAN (no dejen de leer este post, por favor). Al crecer en los años ochenta, vi a mis padres quejarse del gobierno del PRI y sufrir las terribles crisis económicas que mermaron el ingreso familiar, escuché de los adultos decenas de veces "para qué votar si va a ganar el PRI", "No podemos hacer nada, todo está arreglado", siempre el PRI, sólo el PRI, antes y después el PRI, el omnipotente PRI. Es por eso que mis queridos progenitores votaban por el PAN. No me dejaran mentir, el acción Nacional de Manuel Clouthier sí merecía ese voto de confianza. Mis hermanas mayores votaron por Cárdenas en el '88. Ni qué decir de la decepción, e incluso dolor, que sintieron luego del fraude. En los noventa la consigna familiar, como la de muchos mexicanos, era sacar al Revolucionario Institucional de los Pinos a como diera lugar. El partido que podía lograrlo era el PAN. Yo voté por Fox porque no le vi posibilidades a Cárdenas y desde niña concebía sólo como un sueño tener un presidente que no fuera del tricolor. No me puse a analizar sesudamente las propuestas, yo poco entiendía (y a la fecha, eh) de economía y mercados. Para mí era algo más propio del hartazgo "lo que sea, pero ya, ya, ya, quítenle a esos putos el poder". Podría definir el gobierno de Fox como "mñe". Cada vez que decía alguna estupidez yo pensaba "y yo voté por este pendejo". Sin embargo la dichosa estabilidad (al menos lo que percibía a mí alrededor, aplausos para la inclusiva) me hizo creer que darle continuidad a ese gobierno no era algo del todo malo. Y más cuando veía al Jefe de Gobierno capitalino queriendo quedar bien con los viejitos, esos siempre comprometidos votantes, con los pobres, esos que siempre han sido utilizados por el PRI como ganado en las urnas, "este tipo sabe bien como comprar votos desde antes de las elecciones", madrugando todos los días para una conferencia de prensa "nomás es para tener presencia en los medios, pinche güey, ansía el poder nada más". Yo le agarré tirria al mentado peje. Pues con todo y eso lo buscamos para una entrevista que necesitábamos para un minidocumental que hacíamos en la Universidad. Era sobre el plebiscito para la construcción del segundo piso del Periférico y nosotros elegimos ese tema para ver si podíamos contestar a la pregunta "¿La democracia participativa mejora el desarrollo del país?", entonces, entre seriedad y disparate se nos ocurrió intentar entrevistar a AMLO. De entrada yo pensé que tal empresa era imposible. No lo fue. Nos recibieron con gusto en las oficinas de gobierno, anotaron nuestros nombres y nos permitieron entrar a una conferencia de prensa matutina del jefe de Gobierno. A la salida pudimos filmarlo y platicar con él cerca de veinte minutos. Cuatro estudiantes de Diseño Gráfico de la UAM Xochimilco, ni siquiera de algo relativo a la política, sin cartas de la Universidad, sin hacer un trámite especial, fuimos lo pedimos y nos fue concedido ¿Qué jefe de gobierno hace algo así?, al salir de aquella cita además de felices porque sabíamos que con eso tendríamos una gran calificación, quedamos un tanto convencidos de lo que López Obrador nos había dicho... aunque después al platicar con otros analistas políticos se nos cayera el teatrito. No, el pueblo no es sabio, no lo es siempre, incluso en lugares con buen nivel de participación ciudadana. La democracia participativa sólo mejora las condiciones de un país si el electorado no es ignorante, y precisamente, si su actividad política se desarrolla más allá de las urnas durante las elecciones. Así que conservé mis ideas respecto a AMLO, hasta 2006. Vendría la terquedad de muchos de sus seguidores que en automático insultaban a todo aquel que no estaba de su lado, la división terrible que sentí en la sociedad tipo ricos vs pobres que también era buenos vs malos (o malos vs buenos, según sea el caso), limpios vs sucios (y también viceversa, según sea el caso). No me gustó que me dijeran miembro del Yunke sólo porque pensé que no era malo otro sexenio panista. En 2006 fueron muchos de los seguidores de AMLO los que me convencieron de no votar por él.
Lo que pasaba es que yo desconocía cierto estrato de la sociedad, siempre he estado cobijada por la sana clase media. Agradezco la aparición de publicaciones como Quién y Caras, pues me han permitido ver el mundo donde toda esa gente vive o cree vivir. Qué bueno que estudié en una escuela de idiomas de San Ángel, muy frecuentada por la crema y nata de universidades privadas, porque pude observar de cerca lo ciega y obtusa que es la juventud que llegará a puestos directivos e importantes en economía y gobierno, tuve como compañeras a dignas amigas de Paulina Peña: Chicas que veían telenovelas y platicaban qué había pasado en el capítulo anterior, sí t-e-l-e-n-o-v-e-l-a-s, el producto de entretenimiento que hace televisa para "los jodidos" (Emilio Azcárraga Milmo dixit). Las niñas bien ven Televisa. Las niñas bien saben quién es la Duquesa de Alba antes que el nombre del único premio Nobel de Literatura mexicano, dignas sobrinas de Vicente Fox (en Europa sí me subo al metro, goeeei). A mí me asquea la gente "bien" con ese grado de ignorancia, una que no está impuesta por la falta de oportunidades, una que parece elegida desde la comodidad de la pereza burguesa. Que creen que su familia es trabajadora porque sus padres firman contratos, supieron blofear y tienen dinero. Es muy diferente a crecer sólo con la opción del entretenimiento de Televisa y la educación del SNTE, ser ignorante por predestinación. Internet nos ha dejado ver cómo para ellos ser un trabajador es sinónimo de insulto, ese nicho poblacional enjendra gente como Carlos Talavera Leal, a quien recordamos como el gentil trabajador de SEDESOL que hizo comentarios en Facebook del mal olor de las indígenas (cuyo programa de ayuda le daba también de comer a este sujeto), como las Ladys de Polanco que le gritan "asalariado de mierda" a un policía porque en su concepción del mundo trabajar es asqueante y motivo de vergüenza, como el Gentlemen de las Lomas que se permite denigrar y agredir a alguien unicamente porque su cuenta bancaria es enorme y la del vigilante paupérrima, porque si no eres un hombre de negocios corrupto eres un "gato", no vales nada. Esa gente es la encarnación del Mirreynato Mexicano: Individuos de clase social media alta (aspiracionales) y alta que se toman fotos de fiestas opulentas, que hablan mayormente con anglisismos (tipo Cindy la Regia, helloooo), los chavos del "quiero ir al antro". Ellos, son ellos a los que no tolero. Prefiero todo eso que tanto critiqué en 2006. Yo no quiero que este sexenio esté perdido, no quiero que regresen. Ahora son los seguidores de Vázquez Mota y mucho más los de Peña Nieto los que me convencen de votar por López Obrador.
Mi voto es contra esa gente, mi voto es contra televisa, contra el regreso del PRI, contra darle una nota aprobatoria al sexenio de Calderón eligiendo a la candidata de su partido. No es un voto útil, es un voto de castigo.
Se me quedó muy grabado lo que dice Susana Zabaleta en un video que promueve el voto por AMLO: Lo ha deseado tanto que no creo que lo haga mal. Hace un par de años él fue al pueblo de mis padres, andaba de gira. Un pueblo al que ni los candidatos a gobierno del estado pisan, porque está lejos, es un municipio muy pobre y no significa muchos votos: no vale la pena. No me importa si es postura, si es fingir, y si lo es lleva haciéndolo más de diez años y es probable que se volviera hábito ¿Quién pasa la noche en hoteles humildes por 500 votos? (asumiendo que toda la gente de ese pueblo votara por él). Viaja en vuelos comerciales en lugar de jets privados. Percibo a Andrés Manuel de manera diferente, también contemplo a quienes simpatizan con él y encuentro gente brillante y socialmente justa (también mañosa y extremista pero de los males es el menos peor), quienes tienen la intención de voto por el PRD son más cercanos a lo que pienso. Me atrevo a decir que la mayoría es menos vacua que quienes pretenden votar por Acción Nacional, ni mencionar a quien vota por Peña Nieto, si es gente con acceso a la información o no lo hace por un hueso, están lejos de toda comprensión lógica. Lo único que he aprendido en estos dos sexenios es que no hay mesías. No por la llegada de una sola persona al poder las cosas cambian. Pero creo que lo que está pasando en la sociedad mexicana es grave y prefiero entonces el mensaje conciliador de Andrés Manuel y a la gente que propone como gabinete de gobierno para dirigirla. Y ni siquiera mencionaré demasiado esa guerra, la atroz guerra contra el narco, la cual fue gestada y alentada durante décadas por el PRI. Eso que el PAN mal ha intentado "controlar" no es más que responsabilidad de gobiernos priístas, tanto a nivel federal como estatal.
Tal vez estoy también motivada por vivir en una ciudad donde el tantoerestantovales está a la orden del día pero no afecta tu integridad moral ni física. Donde la miseria es algo muy lejano a la que tenemos en México... porque aquí la pobreza parece casi una elección. Un lugar donde los políticos no llenan las calles con basura de propaganda vacía (antes que eso llenan los buzones de los ciudadanos con folletos también demagogos y choteados, pero vale, contamina y agrede menos, informa más). Donde cuento a mis compañeros de diferentes países que de México viene el tomate, el aguacate, el chocolate y el maíz (ingredientes sin los que la comida Europea no se entendería), que es el primer productor de plata del mundo, y otras tantas cosas que lo convierten en el cuerno de la abundancia, y cuando ellos me preguntan "¿Entonces por qué tu país es pobre?", alcanzo a esbozar "Porque siempre ha estado mal gobernado", sin muchas ganas de explicales demasiado.
Si no se tratara de la generación menos empática de esta era. Si la psicología dice que a mayor exposición ante algo que nos asusta más fácilmente superamos el miedo, me preocupa que suceda lo mismo con el dolor y la injusticia. ¿Será posible que al verla tanto y tan seguido en medios electrónicos nos vamos volviendo inconmovibles al sufrimiento de los demás?, ignoro la respuesta pero no sería descabellado imaginar que sí.
Este es tal vez el post opuesto al que escribí en diciembre sobre la escritura e Internet como paliativos para la necesidad de comprensión y comunicación. Las redes sociales también han servido como escaparates a un ego con una actitud prefabricada que demanda un exceso de atención y exige un trato de celebridad. Últimamente me asombra la firmeza con la que expresamos una opinión cuasi asegurando la posesión de la verdad absoluta y denostando todo aquello que osa ponerse en nuestra contra. -Yo de antemano intento confesarme ignorante y visceral, por mucho que mis juicios y percepciones suenen a tratados dogmáticos más propios de alguna fanática religiosa del medievo-. La mayoría de los usuarios de internet se denominan "Digital natives" y abarcan desde los nacidos en los años ochenta (los que ya vamos pa' los treinta) hasta los fetos que podemos ver gracias a ultrasonidos. En la historia de la humanidad ha sido la juventud utilizando nuevas tecnologías la que ha logrado cambios sociales significativos. Nuestra época se diferencía porque esa innovación es global y simultánea. Este video de una conferencia de "Digital Natives with a cause" tiene más de un año y fue grabado antes de la revolución en Oriente Medio. En él se menciona (min 18:18) una campaña realizada en la India en contra de extremistas que golpearon mujeres por vestir inapropiadamente (o sea, no a la usanza hindú) y pretendían casar a parejas sorprendidas besándose en la calle el día de San Valentín. The pink chaddi campaign consistió en enviar ropa interior color rosa a políticos que apoyan estas medidas y leyes extremistas. Se mandaron más de 200,000 y no todas eran nuevas o estaban limpias. Lo maravilloso de esta protesta es que fue organizada sólo por una mujer y únicamente con una herramienta: Facebook. ¿Suena familiar?
Los jóvenes de México se quejan de los medios, llamémosles, tradicionales de protesta y al mismo tiempo se burlan de aquellos que surgen y parecen ingenuos en redes sociales e internet. Es cierto que reaccionamos con más fuerza ante estímulos que nos afectan personalmente, pero qué pasa entonces con la sabiduría popular que reza "Cuando las barbas de tu vecino ves cortar...". Pocas cosas logran irritarme tanto como la desaprovación de la indignación de otros ante una injusticia sólo porque ésta los afecta directamente (analizar si tal denuncia es justa o no es harina de otro costal). Para mí este es otro de los síntomas de la poca empatía que han desarrollado las nuevas generaciones de seres humanos. Por eso estoy empezando a pensar que una protesta en internet no debería ser del todo vacua sino una forma evolucionada de reclamar y exigir, son nuevas maneras de compromiso político y activismo social. Sé que México no es Oriente Medio pero de cierta manera me parece incomprensible que existiendo los medios para acceder y comunicar información fácilmente a millones de personas, aquí sean mayormente usados para fines publicitarios. También se le pide demasiado a los grupos ciudadanos carentes del poderío de una maquinaria partidista ¿Qué va a pasar después? ¿Por qué no proponen formas más efectivas de protesta? A lo que yo intento responder: Una avalancha de nieve no comienza sabiendo qué dirección tomará, simplemente se forma y sólo adquiere fuerza cuando es lo suficientemente grande". Quienes piensan demasiado en la porvenir poco pueden hacer en el tiempo presente. Los debates que resultan son como "vamos a ver qué argumento es el de la razón" sólo atraen desaliento y desconfianza. Lo grave no es que una protesta se vuelva nada, lo alarmante sería que ni siquiera se hiciera.
Me altera el ambiente del país en el que vivo, mucho. Me preocupa mi familia y su seguridad a pesar que hasta ahora sólo han sido amenazadas tibiamente por la situación nacional. Luego pienso que no quiero ser una viejita sin pensión ni seguridad social. Y no es que le pida al gobierno que me los dé por mi linda cara de ciudadana mexicana, lo que le exijo es que me explique la razón del porqué no, más aún si pago impuestos y debo temerle a su policía, reírme de las propuestas electorales de sus candidatos, llorar al ver el nivel de su educación básica, enfurecer con el cinismo de sus políticos. Por eso simpaticé tanto con los indignados de Sol y su bizarro intento de mayo francés en 2011. Con todo y que los votos nulos continúan demostrando que son los mejores aliados de la derecha y las minorías politizadas. Para que la votación en blanco pudiera conseguir lo que se propone -una probable elección anulada, una reforma electoral importante- se necesita una participación ciudadana convencida de que es mayoría. Y en México la mayoría es la que está convencida de que no importa que hagan, nada va a cambiar.
Un gobierno como el que tenemos, que sólo se preocupa por mantenerse en el poder, no puede llamarse democrático, menos aún si los remedios que utiliza para la solución de un problema son sólo pensando en quedar bien a corto plazo. Es un gobierno que piensa a futuro, sí, sabe que en el futuro ya no estará a cargo y el problema será de otro. Aquí sólo se tapa la fuga, no se cambia la tubería.
En México existe la doble moral y no es sólo la que se refiere al aspecto sexual. Lo es en el sentido de que se cree que somos culpables de las desgracias que nos ocurren. Si me asaltan es mi culpa por descuidada, si me violan es mi culpa por descocada, si me corren es mi culpa por no hacerle a la... no ser lambiscona. Es verdad, casi siempre parece que excusamos al verdadero culpable: el delincuente. "¿Es que a quién se le ocurre traer el iphone en el metro, estacionar el coche en una calle obscura, andar a las once de la noche sola en la calle". Sumemos esta actitud tan nacional con el resultado del estudio linkeando en la primera línea de este post, ahí tienen a su comprometida y revolucionaria juventud. Es imposible cambiar una sociedad, mejorar un gobierno, sin la participación cuidadana. Estamos frente a un círculo vicioso muy desalentador. La democracia no termina con el voto, empieza con él.
Los cambios ocurren porque existen modificaciones, evoluciones, transiciones. Porque algo deja de ser como era. Que las cosas sean de una forma no significa que sean correctas. Que así sea no quiere decir que deba ser. Pero dudo que sólo debamos esperar con la vista fija al monitor.
P.D. Lindo ejemplo el de ayer cuando varios en twitter dimos RT a la foto que tomó Kyuutz donde se aprecia a militantes del PRI (acarreados, cof, que diga, simpatizantes de Eruviel Ávila) montados en una camioneta propiedad del gobierno del Edo. Mex. Incluso el candidato figura entre los usuarios que han visto recientemente la foto. Menudos idiotas los que manejan la cuenta.
Disculpe usted amigable lector la altisonante frase que usé como título, pero es la que le hace más justicia a lo que siento en este día. El tiempo, siempre el tiempo, ese dios maldito descrito desde Grecia y al que pude ver a los ojos hace casi un año, sacado a la vida por los pinceles de Goya mientras devora grotescamente a otro hijo en su carrera de apetito voraz y saciedad desconocida. El tiempo, tal vez el único ser mitológico de cuya divinidad soy testigo, el único perceptible, el más embustero de todos. Engaña tan fácil. El año pasado la espera se hacía eterna para la llegada del veintitrés de marzo. Hoy apenas lo noté y el correr de los días parece llevar la velocidad de las zancadas de Usain Bolt.
Hace un año exactamente, me asomaba por la ventanilla de un avión y obserbaba las lucecillas de una Florida que no tengo interés en conocer. Junto a mí iba una tapatía que me contaría más tarde que ése era su segundo viaje a España. Me sorprendió que a diferencia de otros pasajeros ella seguía asombrada como yo por el paisaje que sólo brinda la altura de un vuelo. Ojalá nunca me invada la frivolidad de no sentir aquellos panoramas como un acto milagroso (y ahora recuerdo a los orientales con los que compartí asiento en el vuelo Madrid - Barcelona y que no hicieron otra cosa que dormir y roncar y ni por equivocación voltearon la cabeza cuando la nave se inclinaba sobre el mediterráneo y permitía ver las nítidas costas y montañas catalanas en armonía con la bella blancura de la Barcelona). Llegué casi sin dormir al aeropuerto de Barajas y pasé veinte minutos buscando la banda por la que saldría mi equipaje. Ahora puedo decir que si hay un aeropuerto que aborrezco, es el de Madrid -y no sería lo único de esa ciudad-. El aeropuerto de Roma es casi tan viejo como su metro. Me dio risa leer hace poco una entrevista a Florence Cassez donde describe al aeropuerto Benito Juárez: "poco moderno y pequeño" como si quisiera decir que se dió cuenta apenas bajó del avión de que llegó a un país más pobre. Yo podría utilizar con más justicia esos adjetivos para el aeropuerto parisino Charles de Gaulle. Sin duda alguna el más bello es el Prat de Barcelona. El más organizado el pragués Ruzynê.
Un viaje que me cambió tanto y aún no puedo decir si para bien, pero puedo afirmar que no para mal, el que me convirtió en una viajera amateur que perseverará hasta ser profesional. No hace mucho tiempo yo defendía una frase de una serie de televisión (cuyo recuerdo me avergüenzo hoy de poseer pues fue mancillado con dos filmes más que vomitivos) "I like my money right where I can see it: hanging on my closet". No sólo la celebraba, la acaté con entusiasmo por cuatro años, y sí mi dinero ahí está: pasado de moda, viejo y desgastado. Entonces cambié su sentido, me gusta mi dinero donde lo puedo sentir, en mis conocimientos, mi gusto, mi tacto, mi vista, mis recuerdos. El viaje que me convenció -aún más- de que ésa es la mejor inversión en la vida. Que cuando llegue Chronos a devorarme esté cansada, pues habré conocido todo aquello que deseaba. Así tal vez la vianda le parezca poco apetitosa si a diferencia suya, ella sí está satisfecha.
Recuerdo claramente el 31 de diciembre de 1999, el Y2K tenía a toda la gente histérica y preocupada. Un nuevo siglo, un nuevo milenio, el futuro por fin nos alcanzaba. Toda esa euforia me contagió y yo también me sentía iniciando una nueva era. Subí a la azotea de mi casa nueva para ver el último atardecer del siglo en el que conocí la luz. Seguramente fue igual al del día anterior o subsecuente. Nada parecía distinto en los primeros meses, salvo la ropa en tonos metálicos y la avalancha de negocios con nombres que terminaban en 2mil. El año siguiente, el odisiaco 2001, estaría lejano en muchos aspectos a la obra de Kubrick y resultaría más recordado por los ataques terroristas en Estados Unidos. Los primeros diez años del siglo XXI sólo nos han servido para ver morir lentamente a los pilares del siglo XX o para intentar resucitar la poca vida que le queda. Estos años han sido los del refrito, el remake y el reencuentro.
No fue hasta una edad relativamente temprana (ocho años) que me enteré que el nacimiento de Cristo no había sido un venticinco de diciembre, sino que se había adoptado tal fecha por conveniencia: coincidía con el solsticio de invierno y un número importante de fiestas 'paganas'.
Sin embargo el cuento de la Navidad me parecía hermoso. El arquetipo del Dios que se hace hombre me fascina, y mucho más lo que lo haga en condiciones paupérrimas, como la mayoría de las personas del mundo, lejos de los lujos y el poder. Que hubiera sido en una noche fría y sin refugio. Que los astros lo señalaran. Que los sabios lo adoraran.
Nací en una familia católica y casi toda mi vida lo fui. Niña demasiado enfermiza, la anhelada salud pareció provenir de manos de un homeópata que también era sacerdote y cuyo consultorio -siempre rebosante de pacientes- estaba en un edificio mamón de la avenida de Baja California. No sé si me curé porque mis padres dejaron de cuidarme tanto al confiar en semejante ángel de bata blanca o porque de alguna manera a mis ocho años la fe aún era tan poderosa en mí que logré convencerme de que algo místico tenía lugar cuando visitaba a ese doctor y de la misma manera mi sistema inmunológico lo reflejaba. O simplemente crecí y me volví más fuerte. Mis padres sin embargo siguen creyendo que fue Dios mismo a través de las manos de ese hombre quien me mandó la ansiada salud, sí, a mí y no a otra niña mas agonizante y con menos recursos, sí, a mí por sobre todas las niñitas de ocho años que murieron en aquellos días en hospitales, sí, Dios mismo me salvó a mí. La última vez que vi a ese sacerdote, mi madre le contaba orgullosamente que estaba cercana a hacer la primera comunión y era el evento que me tenía en un hito desde hace meses, que era la mejor estudiante del catecismo, que no pensaba en otra cosa que no fuera el bendito día en que comiera el cuerpo de Cristo. Y no mentía. Pero la mañana de aquel ocho de diciembre cuando íbamos hacia la Iglesia de la Sagrada Familia, algo que nunca se me había ocurrido comenzó a concebirse en mi infantil cabezota "¿Y si Dios no existe?". No era necesariamente una casualidad, por esos días en la escuela el maestro Carlos nos había hablado del Bing Bang (obviamente fuera de todo programa de estudios de la SEP), sembrando para siempre el vértigo que continuamente me asombra: el de todo aquello que la ciencia no ha logrado descifrar. Así que hice mi primera comunión muy asustada y llena de dudas.
Vértigo, eso es lo que sentía frecuentemente y por eso me aferraba a las durísimas sogas de la religión. El único consuelo que encontré a la fría objetividad de la ciencia fue el cristianismo. A enfrentar el hecho de que todos vamos a morir y estamos consientes de ello, que no existe nada para evitarlo. Que el paisaje celestial poco tiene de divino. Que tal vez poco tenemos de especiales o planeados.
Mi alejamiento de la religión católica fue provocado por los mismos practicantes. Es difícil distinguir si lo que hacen es por miedo o por deseo de colocarse en un escalafón moral más alto, uno desde el cual puedan criticar sin miramientos a todos los demás. Escalón más alto = más cerca de Dios = mi vida es mejor y todo lo bueno que me sucede es prueba de su amor por mí, criatura elegida entre millones. No es extraño encontrar a gente rica y bien educada en las filas de la Iglesia, estar con Dios parece darles luz verde para actuar incluso de manera mezquina ya que "los caminos del señor son misteriosos", a la vez que creerse bendecidos por la fuerza suprema los inviste aún de más poder. Y cuando uno se cree invencible en efecto resulta más fácil serlo. Como la frase que me inspiró el imbécil de Diego Fernández de Cevallos cuando proclamó luego de su liberación "Estoy bien y fuerte gracias a Dios":
No entiendo qué le hace pensar a los religiosos que son los consentidos de Dios. Si ése Dios es el que existe, yo no quiero saber de él.
Bajo tal aserción Dios no debe querer tanto a otros miles que perecen en secuestros, y ni que decir de las millones de tragedias que ocurren diario en el mundo a creyentes, agnósticos y ateos por igual.
El otro extremo, el de los pobres, me causa muchísima más rabia. Ser religiosos los sumerge en la ignominia y el conformismo de que en la otra vida sí serán recompensados. Ni falta hace ahondar en este apartado que todos conocemos y odiamos.
Entonces, la mayoría de los ateos que conozco provienen de la saludable clase media. La denostada clase media, la 'no me gusta admitir que pertenezco a ella' clase media. El recinto de la congruencia humana.
Platico con mi sobrina de nueve años y me pregunta si no estoy emocionada porque hoy es noche buena y llega Santa Clós. Para mí dejar de creer en Dios es comparable al día en que descubrí juguetes escondidos en casa comprendiendo que lo que todos decían en la escuela era cierto, que ni Santa Clós ni los Reyes eran reales. Esos juguetes caros sí afectaban el bolsillo familiar, los niños ricos no importando lo mal que se porten tendrán mejores regalos, la ecuación contraria sigue siendo la de los pobres. No hay unos vigías celestiales que me quieren y se preocupan por mi comportamiento, no hay premios ni castigos, sólo el amor de las personas que me trajeron al mundo y se angustian por seguir montando el show que me quita el sueño el veinticuatro de diciembre y el cinco de enero, que me hace escribir hermosas cartas decoradas y suplicantes, que me mantiene con la esperanza de que lo bueno que hago será recompensado con aquello que tanto deseo. Esa ilusión que los adultos les obsequiamos a los niños es un cinturón de seguridad para no arrojarlos al vacío de la injusta vida humana, pero también es un regalo para nosotros mismos y nuestra realidad carente de fantasía. Desearía todavía tener alguna. Ser ateo es un poco triste, era más fácil achacarle, pedirle, confiarle, suplicarle, tenerle fe a alguien más que no soy yo y mis reducidas capacidades de adulta contemporánea de principios del siglo XXI.
Yo estaba en Cancún cuando Vargas Llosa recibió el Nobel y dictó ese discurso que cimbró los ánimos y almas de los latinoamericanos y hasta de los que no lo son. En mi caso no fue a través del video al escuchar la voz temblorosa y quebrada del literato que mis ojos consiguieron inundarse, no necesité oirle ni verle para que esas perras negras (como Cortázar llamaba a las palabras en Rayuela) que encontré en la pantalla de mi computadora apalearan benévolamente mi de por sí emocional ser. Si pudiera resumir en una oración el sentido del discurso de Vargas Llosa sería con esta: Escribir es crear. Estoy convencida de que si existe una manera de mover una montaña es con un libro aunque las leyes de la física y la religión dicten lo contrario. Las grandes revoluciones han germinado entre sus páginas mientras eran recorridas por los hombres que las llevarían a cabo.
En la misma tarde vi dos películas de la muestra Internacional: "Somewhere" de Sophia Coppola y "Antichrist" de Lars von Trier. Llegué a la Cineteca poco antes de las 3:30 y apenas alcancé boleto para la segunda. Sabía que el morbo sería el motivo de algunos para verla, tan escandalosa que estuvo en Cannes, tan planeada para jamás proyectarse en semejante país ultra católico, tan espantadas que salían las personas de las salas.
Somewhere, cuarto filme de Sophia Coppola, nos presenta a un hombre que parece haber logrado todo sin mucho esfuerzo detrás, es un actor. La jauría hollywoodense es dueña de un poder incalculable punto y aparte del dinero, posee el don de la perpetua servidumbre del prójimo y todo lo que pudiera implicar: favores gratuitos, amabilidad excesiva, sexo casual a raudales. Es la nobleza de la posmodernidad. Coppola consigue que algunas secuencias que ocurridas en otro ámbito son muy disfrutadas por el género masculino (un par de encantadoras gemelas rubias haciendo table dance), sean tediosas e incluso aburridas. Un topless más, un topless menos… pfff. La repetición como forma de nulificación del asombro. La satisfacción de los deseos como asesinato del entusiasmo. Johnny Marco es un hombre que vive una vida vacía, no está, no es. Y se da cuenta. Se da cuenta que no es nada, que no es nadie, cae al vacío, a la desolación más tremenda de todas, la de no tener porqué vivir. (-¿Haber logrado todo no implica ese castigo?-). No hay una tragedia, no existe una vida de miseria o una historia de fracasos detrás de tal pesadumbre.
En "Antichrist" se explora el dolor más profundo que puede experimentar un ser humano, la muerte de un hijo. Existe un motivo para precipitarse al vacío al contrario de "Somewhere", aquí hay uno clarísimo y punzante. Y lo es más por la manera en la que la tragedia ocurre ya que es durante el coito de los progenitores. La poderosa distracción de un encuentro tórrido y brutalmente sensual. De haber pasado en otras circunstancias la culpa no sería tan lapidaria. Él, psicoanalista, decide tomar en manos propias el caso de su esposa contra lo que toda ética pudiera aconsejar. Es entonces cuando atestiguamos las consecuencias y el dolor casi perceptible de ella (de hecho ambas películas consiguen transmitir cierta cantidad de angustia en algunas secuencias), sus ataques de ansiedad, su autoflagelo. La actitud amena y a la vez distante de un esposo preocupado por representar cabalmente los papeles de médico-paciente y no cruzar la frontera al lado de los amantes. Lenta y fantásticamente va develándose la premisa del filme ¿A qué le tiene miedo la mujer? ¿Por qué su lamento es atípico y extremoso? La primera respuesta resulta simple al principio, fobia a la naturaleza. Tomando en cuenta que a mayor exposición al miedo, superación del mismo, él la lleva al bosque donde tienen una cabaña. La mujer le tiene ese horror a la naturaleza, porque la vida muere, porque la naturaleza en su fuerza creadora necesariamente destruye, porque la muerte existe por el sexo. Porque no importa qué, todo lo vivo debe morir, la muerte es la cuota por coger. Y qué es el ser humano sino parte de la naturaleza, su víctima, su propio hijo. El hombre a imagen y semejanza de madre natura es maravilloso y a la vez terrible. El giro de tuerca de la película es poco común y desolador.
Me llamó la atención la paradoja en ambas, tanto quien tiene todo está vacío, quien lo pierde todo se consume.
Salí del cine con una nebulosa enorme, satisfecha de haber visto dos excelentes películas que me hicieron recordar algo que siempre he defendido y pensado, que la mente y la naturaleza humana son incomprensibles y a veces injustificables "los misteriosos caminos de la psique humana"(sin meterme con los discursos de la psicología) y que no necesita de motivo alguno para hundirse en lo atroz.
PD 1.- Qué grandes son Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe. Pocas veces un actor merece tanto respeto. Son, sin contar al niño que muere en los primeros minutos de la trama, los únicos actores de la película. Cargan todo el peso de semejante mounstruo encima, y pueden con él. La estética fotográfica es suprema, SUPREMA.
PD 2.- Me quedé pensando si acaso la película de Sophia no hace algún tipo de guiño autobiográfico. Johnny Marco tiene una hija de once años que lo visita y se da cuenta de las patanadas del padre. Una hija que llora por el abandono.
Las historias no saben bien si uno no cuenta los bonitos antecedentes que las adornan, los sutiles detalles que diferencían una imagen que cumple con el deber de informar, de la obra maestra que se convierte en una épica gráfica.
'Tonces empecemos acá, cuando inicié mi vida interneteril. La tontilla explicación de porqué elegí este nickname para mi blog, simple: admiradora nostálgica de Javier Solís y en especial de la canción Malagueña Salerosa, fanática recalcitrante del cine de Quentin Tarantino, amante confesa del Distrito Federal. Luego este blog me llevó a conocer a mis queridos amiguines, conpinches de las juergas que me alegrarían muchas noches " Do you know what this is? It's the world's smallest violin playing just for our lost happiness". En alguna de ellas, so pretexto del triunfo de un twitero en el ardid publicitario que se transformó en divertida parodia electoral, bebíamos en el centro de la ciudad, para ser exactos en la ya celebrísima cantina Salón Corona. Aquella noche de domingo formamos un grupo numeroso, cosa rara dado el día, pues por todos es sabido que los domingos son para dormir (deberían llamarse dormingos) y durante la noche hacer la tesis, el trabajo atrasado, o dejarse abrazar por la depresión y la ansiedad que nos provoca el inicio de una semana más y la vuelta a la rutinita de mierda de la que tanto nos quejamos cinco días a la semana.
Como éramos muchos y mucha la cerveza, el entusiasmo y la risotada estaban a más no pedir. La borrachera fue de proporciones épicas. Alguien fue sacado en brazos de un baño. Otro se cayó en Isabel la Católica al encapricharse con manejar una bicicleta en completo estado etílico.
| ¿Rink? Oh, the mexican emperors suena como mexicana empedarse. |
| "No subject will ever be taboo. Except, of course, the subject that was just under discussion. Now, if any of you sons of bitches got anything else to say, now's the fucking time!" |
| Quentin posando para mí. Ni en mis sueños más guajiros lo hubiera imaginado. |
| En pleno grito. |
| Le manejamos lo que es el Perfil Griego al lado del Gran Director. |
Como sucede a veces con algunos amores, puede ser difícil entender porqué te amo. Cuando hace poco una amiga cuestionó mi adoración tan sólo por la capital, reflejada en mi pseudónimo bloguero, no pude sino explicar que era tan simple e inocente como el amor de El Principito a su Rosa: la amo porque es mía. México, yo te amo por ser mío. "Si yo conozco el cielo es por tu cielo, Si conozco el dolor es por tus lágrimas, Que están en mí aprendiendo a ser lloradas.", dice el poema dedicado a ti que más me gusta.
Quiero darte un corporeidad imposible, ente intangible de mi patria. Muchas de mis alegrías son transitorias y modeladas con la materia de las ilusiones, como lo han sido las tuyas. La muerte y su cúmulo de miedos y dudas también me atormenta como a los primeros mesoamericanos. Eres tan contradictorio, tan vasto y tan complejo que es imposible definirte. Solemos, ambos, autoboicotearnos.
Leo poesía náhuatl sorprendiéndome de lo melancólica que es, de que el tema de preocupación principal es la fugacidad de la vida y la incertidumbre de la muerte, de una melancolía muy vecina de la tristeza. Sin embargo nos educan con el arquetipo del mexica festivo, alegre y bailador. ¿Ves? desde entonces había un claro conflicto.
A sabiendas de que no se cumplen doscientos años de independencia (esos serán en 2021), sin duda alguna los insurgentes tenían incalculablemente más valores, ideales e integridad que cualquier político mexicano de la actualidad. Insurrectos excesivos para casi todo, como caballos que se desbocan después del encierro sin sopesar consecuencias, ingénuos, casi incorrompibles. Si estaban buscando lo que hoy llamamos "el hueso", al menos pusieron toda la carne al asador, se jugaban la vida, no los podré ver como los panzones demagogos y miedosos que ensucian el Congreso de la Unión. El gobierno de Felipe Calderón, iniciado en la controversia de un fraude y ahora empapado de sangre, es el peor marco para esta celebración. Un país se construye de mitos, de rituales y de tradiciones ¿En qué pinche imaginación escasa se desea la exclusión de eso?. Quisiera pedirte perdón por todos aquellos que te pinchean, putean y mierdean por lo que hacen tus habitantes. Al menos yo tengo muy clara la frontera entre "México" y "mexicanos culeros". Rendirle homenaje a hombres encumbrados -tal vez algunos de forma dudosa- en héroes, no debería se irritante. Bajo el cinismo del siglo XXI, las empresas de estos hombres sólo podrían ser comparadas con las acciones de ciudadanos como Esteban Cervantes Barrera, el hombre que en Balderas enfrentó sin titubeos al desequilibrado que disparó contra la gente a quemarropa. O Francisco Manuel Villaescusa, el joven chihuahuense que estrelló su camioneta y entró a rescatar niños en una de las tragedias que mayor vergüenza nos provocan.
Yo también estoy harta de las injusticias, pero estoy más cansada de la queja estéril. Tengo que vivir con la idea de que no puedo hacer nada por cambiarte y no quiero caer en el cliché de "unidos podremos lograrlo" VS "los mexicanos son apáticos", ésa también es una discusión perenne y vana ¿Cómo carajos ser participativos cuando parece que todo aquello que emprendemos juntos parece destinado al colosal fracaso? ¿Cómo sentirnos libres de festejar el nacimiento de la idea de Nación independiente en un año cómo éste?: el año que más me ha dolido leer un periódico, el año que he sobrepasado varias veces mi capacidad de asombro ¿Cómo? ¿Cómo no sentirnos culpables de expresar alegría si nos rodean barbaridades? siendo expertos en la autoflagelación y embarrados aún de la moral católica, la penitencia parece lo único admisible en tal entorno. Tú deberías merecer el mejor de los pueblos, la más basta de las celebraciones. Trabajo porque los sinónimos de identidad mexicana sean equidad y tolerancia, tan lejanas aún.
Yo sí quiero festejarte, lo he hecho cada año y entiendo qué molesta tanto de esta vez. A mí no me engañan con que es el gasto, por gastos más estúpidos se han quedado callados. Tampoco me trago que es por la mercadotecnia abrumadora, pasa lo mismo con todas las fechas importantes del año. La realidad es que no podemos, no creemos merecernos nada: Lo mexicano es chafa. He ahí al puto favorito de la desgracia. La violencia en la que está sumida nuestra sociedad parece que regocija a cierto sector ávido de masoquismo y derrota. Me es difícil entender que en mi país, algunos de mis compatriotas parecen regodearse en la mediocridad. Y sin embargo también tienen una faceta claramente opuesta.
Un extranjero me dijo cuando estaba en Europa "ustedes son los seres que más sufren al estar lejos de su país. Extrañan demasiado su comida, a su familia y todo lo que tenga que ver con su nación". Yo, por ejemplo. En Francia me sentía disminuida al no poder traducir mis mexicanismos, con una personalidad un tanto frustrada sin hablar español.
México, eres como un veinteañero, uno muy deprimido y en plena crisis. Ninguna alternativa te satisface, quieres escapar de ti mismo. Te hundes sin rumbo. Y tal vez para olvidarlo todo, te empedarás en tu cumpleaños doscientos. Te haré compañía.
Durante la segunda mitad de mi vida me había sentido muy culpable de que me gustara el futbol. Lo negaba tres veces antes de la llegada de cada alba. Desde el mundial de México en 1986 conozco y disfruto profundamente un partido, pero comencé a ocultarlo cuando cursé la preparatoria. Las razones que me llevaron a tal escamoteo no son extrañas, la más importante es la descalificación intelectual hacia los fanáticos del futbol: "ignorantes", "enajenados", "nacos". Sé a qué se deben los aberrantes motes, cualquier actividad o creación humana que alcance popularidad los obtiene, es en su aparente y malentendida sencillez, donde radica el por muchos odiado encanto de su universalidad. Por eso es el "Juego del hombre", por eso es el espectáculo deportivo que consigue superar a los Juegos Olímpicos.
Intuyo que mucho de esto no es sino muestra de la frustación y la poca tolerancia a la felicidad comunal. En el caso específico del futbol y más contundentemente de un mundial, creo que es porque no nos permitimos disfrutar de algo cuando nos invade la desgracia, ¿cómo festejar y gozar de un Mundial de futbol si el país está que se lo lleva la chingada?, ¿cómo sonreír si nos arrastra el atraso económico?. Yo creo que es precisamente por eso que debemos saborearlo más. La moralina que percibo durante estos días me corroe el ánimo, ¿por qué no podemos abstraernos un mes de las preocupaciones? ¿por qué sentirnos culpables por disfrutar un espectáculo tan magnificente como una competencia deportiva?. Con toda probabilidad la gente que está interesada en las noticias lo seguirá estando y a quienes siempre les importa un carajo qué pasa en México les seguirá valiendo madres. La ignorancia de un país no se debe a su afición futbolera, son palabras que me fascinaría tatuar en la frente de quienes le acusan por la estupidez de millones.
El futbol es LA catarsis, pero déjenme recordar una anécdota para explicarme mejor. Futbol, el paliativo que todos necesitamos:
Era 1998, acababa de terminar el mundial de Futbol de Francia, uno de los que más he disfrutado. Tenía todo el verano de vacaciones y vi todos los partidos, aquella selección nacional había levantado muchas expectativas -cuando no- y la recuerdo hasta con cierto aprecio, ese empate en los últimos agónicos minutos contra Holanda, ese gol con Cuauhtemiña contra Corea del Sur, la triste y un tanto injusta derrota ante Alemania (es que "jugamos como nunca y perdimos como siempre"). Pero ya era noviembre y estaba en quinto de prepa. Teníamos una clase que nos mataba de miedo y a la vez fue la que más disfrutamos: Historia de México, nuestra profesora era tan estricta como genial. El primer exámen parcial fue lo más temido en nuestras adolescentes vidas, no se trataba de respuestas de opción múltiple o breves y explícitas, la idea era desarrollar y exponer la mayor cantidad de factores y circunstancias posibles entorno a los puntos que el exámen exigía sobre el México colonial. Fue la primera vez que leí tantos libros distintos para un parcial y la primera vez que para necesité tres hojas por ambos lados para responder. Fue un jueves cuando la profesora nos dio los resultados de la prueba, mi sensación de alivio y alegría era suprema pues había sacado un nueve y mis demás amigos también tenían excelentes notas, pensándolo bien no fue tan sorpresivo, después de todo éramos asquerosamente ñoños.
Tanto fue nuestro entusiasmo que aunque era la última clase del día nos quedamos en las jardineras del patio de quinto a taruguear. De pronto el tarugueo se transformó en el juego idiota de corretearnos con una botella de plástico y empaparnos, lo que llevó a que nos quedáramos con una botella vacía y aplastada. De pronto alguien la pateó. Luego otro. Luego yo. Instantes después ya estábamos en plena cascarita, Erandi y Shanti de porteras, creo que yo de defensa, Ciro y Alejandro delanteros, Mario de algo que no podía asegurar, defensa, centro, delantero, lo que sea. Seguramente se marcaron goles que festejamos como si fueran el momento de felicidad definitiva de nuestras vidas.
Pero la diversión se acabaría en poco tiempo. Un amargado prefecto apareció de pronto y nos pidió las credenciales. Tengo que ser incisiva en este punto: eran las dos de la tarde y ningún grupo tenía clase, la preparatoria estaba casi vacía y el turno vespertino aún no llegaba. Accedimos a entregárselas y en ese momento nos dijo las palabras más temidas por cualquier estudiante del globo "acompáñenme a la dirección" -chingadamadreyavalimos-. Sin duda una acción desmedida para nuestro inocente juego.
Al llegar a su oficina, la directora también resultó más ruda de lo debido; no éramos porros, teníamos aún cara de pubertos consumidos por la nerdez, hasta estábamos en el grupo de excelencia académica... lo peor vino cuando nos pidió la pelota (el castigo para los que jugaran cerca de los salones era la confiscación del balón) y Mario, en un acto de valentía, tozudez y burla, le entregó en mano y con malévola sonrisa, la botella sucia y apachurrada "pues es ésta, tenga usted". Aún recuerdo los ojos de la Fuster casi desorbitándose por la osadía de mi amigo. Lo que prosiguió fueron gritos y regaños de la directora, amenazas exageradas, una cita con nuestros padres el lunes a primera hora, una angustia que yo no había experimentado en toda la vida y a la vez la consolidación del que sería mi fabuloso grupo de amigos de quinto de prepa. La estúpida desgracia nos unió ante el inmerecido castigo por nuestro festejo.
Ahora con el Mundial de Sudáfrica exhibo sin inhibición mi afición. No sólo al futbol sino también a los clichés nacionales y al deporte como sustituto de las guerras. Aunque este evento parezca decepcionar al contar más empates con pocos tantos que golizas majestuosas, ya está empezando a dar sorpresas bastante agradables como el partido de España - Suiza. Me alegré y sentí como venganza propia la derrota del equipo español, pero el porqué de ello es tema de otro post. Jordy dice que una selección de futbol no tiene porqué reflejar la idiosincrasia de un pueblo y yo difiero con todo y los 43657 ejemplos que él me dio. Me basta con ver lo sacatones que son los futbolistas mexicanos ante los grandes equipos, la extraña mezcla de pesimismo y esperanza de sus aficionados, el "yameritismo" que nos caracteriza como nación está ahí, en una cancha de futbol cada cuatro años. Es heredado, viene de España. Mi fervor regresó también gracias a tres grandes tipos que conocí por este blog: Emilio, Jorge y Carlos. Grandes cabezas, grandes aficionados, es una lástima que con los dos primeros no pueda ni compartir la emoción de un partido.
Como bien expresó Renato el otro día, lo maravilloso de ver un mundial es observar la mirada de un hombre que ante un error deja escapar la gloria del paraíso. Algo de eso captó el buenérrimo comercial de Nike. Qué chingón ser testigo de la primera victoria de los japoneses, y recordar con ello mis infantiles tardes con Oliver Atom jugando en el Niupi y los sempiternos encuentros con el Franco-Canadiense, pensar al pueblo chileno y el pedacito de júbilo que les da una victoria después de meses de dolor por el terremoto de febrero, comprobar la apertura de la que tanto presume Alemania y que no por eso deja de ser temible, la elegante conchudez con que juegan los italianos a los que ya se les volvió costumbre empatar a uno con un país sudamericano en la primera fase, la imposibilidad física de las anotaciones brasileñas (y los albures con sus nombres que no me dejan para de reír).
Mi nacionalismo no se sostiene de once hombres en un estadio, pero nunca veré como algo negativo el sentimiento de unión, e incluso de orgullo, que me proporciona escuchar el himno al inicio de un encuentro, un marcador favorable, la alegría compartida con millones.
Por eso, Selección Mexicana, yo te echaré porras, yo gritaré "¡Goooool!" hasta que mis cuerdas vocales se sientan romper, pero si es que pierdes, lo sufriré hasta la médula y entonces sí será la más fregona y auténtica de las catarsis, la masoquista. Pero sobretodo porque deseo fervientemente tener esas dos horas que me son como un oasis en el que puedo olvidar todas las cosas realmente importantes que me atormentan. Por eso mañana el México - Francia me sumergirá en emociones optimistas y bellos recuerdos: "Gol, gol, gol; Allez, allez, allez".
P.D.- Mujeres del mundo que se quejan por el mundial: consíganse una pasión genuina que no sea girar como satélites alrededor de sus parejas. Gracias. (Además, qué ciegas están al dejar pasar el desfile de atléticos y bastante apetecibles hombres).
P.D.2.- Ah, y hablando de pasión, GRAN momento en la película "El Secreto de sus Ojos":
Si bien regresé a México hace más de un mes, no fue hasta hace un par de semanas que me sentí en casa. Y decir que me siento en casa lo digo más por costumbre que por convicción.
El viaje trajo consigo esa sensación que tuve bajo el efecto de una poderosa anestesia, la misantropía, que había sido mi fiel compañera desde hace algunos años. Siendo sincera suelo recurrir a la misantropía cuando en mi vida no puedo encontrar una alegría motivante aunque sea mediocre, o al revés, cómo se puede sentir un momento de genuina felicidad si ve uno un noticiero o lee un periódico. Cómo no sentir repudio a mi propia especie si muchas veces nos percibo peores que una manada de bueyes, ignorantes por convicción, inconscientes por conveniencia, ridículos por aceptación, crueles por egocentrismo. Me parece que muchos estamos deambulando, precisamente, como pobres animales sin mayor guía que el dinero con su ilusión de poder y un gobierno con su la cultura barata. Creo que ha sido demasiado alto el precio que pagamos por las facultades racionales. A la vez que éstas nos conceden superioridad intelectual, a algunos también nos permiten apreciar bajo un esplendor horriblemente nauseabundo la gravedad de nuestras atrocidades. Qué no daría yo por la dulce ignorancia del idiota.
A la par de una crítica encarnizada a la humanidad, y casi como remedio curativo, surgió la resignación y el perdón. Es cuando puedo apreciar otras cualidades. La genialidad, ése don de unos cuantos. Es gracias a ellos que no es un desperdicio encontrarnos en la tierra. Es en honor a ellos y sus obras que no siento vergüenza por mi condición humana, a sabiendas de que estoy tan lejos de tal grandeza como alejado está México de la Copa del Mundo. Por genialidad no sólo considero los logros de las artes y las ciencias. Lo son también algunos sentimientos que surgen sin que estén condicionados por la supervivencia o la genética. Bendita humanidad llena de maravillas escondidas.
Aunque mis manos estaban ávidas de relatar desde el más ridículo de los detalles hasta la más sórdida de mis experiencias, me ha sido imposible. Fue como traer una cubeta llena de agua... es difícil de cargar, está desbordándose, no se puede caminar fácilmente con ella, te empapas los pies y salpicas charcos de gotas caóticas sin motivo ni propósito. Creí entonces que iba a exponer puras ideas inconexas y carentes de sentido. "Pero así es como escribes casi siempre desde las vísceras y a lo loco" me dije a mí misma. Fueron demasiadas las cosas que viví y pensé durante los días que pasé lejos de mi país, demasiados los hechos que me aturden desde que estoy aquí y necesitaba tener esa cubeta más vacía. Apenas estoy aterrizando todo eso, intentando darle un sentido a esta rabia e inconformidad. Aterrizar es al fin, descender después de observar a la distancia, meditar después de la crisis, llegar a las conclusiones del contacto con una realidad que siempre había estado ahí y no había querido contemplar. Aterrizar es regresar con los aires del cambio.
No sé de donde vengo. Al igual que yo, la mayoría de los mexicanos lo ignoramos o en el mejor de los casos lo intuimos. La clases adineradas sí lo saben, las más humildes también. El jamón del sándwich poblacional es quien no tiene idea de qué cerdo lo parió.
México es diverso pero se ha autodenominado poseedor de la raza de bronce. Yo no me siento así y lo soy, soy mestiza pero sin broncear. Desde niña me causaba conflicto el color de mi piel ya que asistía a una primaria pública y en una zona popular, no es difícil imaginar el escenario. Fui el blanco (literalmente) de un desfile de burlas entorno a mi palidez que me llevaron al trauma existencial, por ejemplo, me apodaron 'María Joaquina', el célebre personaje de niña mamona, adinerada y culera de la telenovela infantil más famosa de la década ochentera. Por eso arrastro el complejo de sentir que le caigo mal a la gente la primera vez que me ve: "güera sangrona y presuntuosa". El deseo desmedido de ser morena me orilló a que la primera vez que fui a la playa me asoleara un tiempo excesivo y sin bloqueador hasta causarme la quemada más monumental que recuerde. Casi no podía dormir y la piel se me caía a pedazos al tercer día, no era morena sino escamosa, colorada y lo peor, una ardida. Tenía ocho años.
-La ardidez no se quitó fácilmente, quedó arraigada en las profundidades de mi rencoroso y lívido ser.-
Los libros de texto de la SEP tampoco fueron de mucha ayuda. Ver ilustraciones con los majestuosos mexicas tan bravíos y altivos incrementaba el deseo de parecérmeles, de ser "mexicana", de ser descendiente directa y sin escalas de los seres que tenían el calendario más exacto, la ciudad más majestuosa, la ingeniería acuífera más sorprendente, la raza guerrera más exitosa de Mesoamérica. Si nací en la Ciudad de México era lo lógico. Fui educada sistemáticamente para odiar a los españoles y todo lo referente a ellos, me enseñaron a despreciarlos sin conocerlos. "Malditos gachupines que vinieron a destruir el imperio Mexica". Basta darse una vuelta al museo de antropología "mira qué avanzados ÉRAMOS, mira qué bellas pirámides TENÍAMOS, mira, en qué gloria ESTÁBAMOS". En la secundaria hasta leía poesía náhuatl en concursos de declamación, hice portadas bellísimas -por cierto, mis primeros dibujos de carácter realista y al carbón- sobre la conquista y la independencia de México. Oh, gachupines del demonio, púdranse en el infierno por su pecado, ¡desdichados!
Pasó el tiempo y en la prepa ocurrió que tuve una profesora de historia más elocuente. En una clase empezó a hablar de España, el conflicto de identidad que producía en el mexicano y que por lo tanto deberían de incluir en el programa de Historia de México la historia de la España medieval, la ocupada por los árabes y la renacentista en un tono más serio y profundo. Me opuse enérgicamente a su tesis: "Somos mexicanos descendientes de indígenas, fuimos conquistados en la más vil de las masacres, me rehuso rotundamente a que usted quiera que me interese y estudie la cultura de un país opresor, imperialista, y más específicamente: lleno de apestosos". Ovación de pie, aplausos y aplausos al por mayor.
"A ver, Olga, ¿ya viste qué color de piel tienes? ¿qué idioma hablas? ¿qué religión profesas?" Blanco-Español-Católica.", respondí. ¿Te ves al espejo y ves a un indígena legítimo o ves a un ibérico de raza pura?, ¿Por qué atacas aquello que también eres?".
La respuestas a esas preguntas me sumieron en la preocupación y desconcierto más profundos de mis catorce años. No era lo uno ni lo otro, era una contradicción. Ni siquiera era el mestizo prototípico: morena, curvilínea, cabello café obscuro quebrado, labios delgados y nariz pequeña. Soy blanquizca, delgada, cabello castaño claro, nariz chata, labios gruesos. No me "hallaba".
Es el eterno dilema de mi país, el amor-odio a España y la adoración-desprecio a los indígenas.
No somos los vencidos ni los vencedores. Los aztecas ERAN los arquitectos magíficos, ERAN los astrónomos precisos, ERAN los guerreros imbatibles. Fueron ellos y no nosotros los mexicanos, dejémos de acomodarnos sacos que no llenamos. Si tarde o temprano iban a llegar los europeos a América, qué bueno que a México llegó España. Gracias a esa historia estoy/estamos aquí. Mal que bien hay un México debido a que los españoles resultaron más calientes que sanguinarios. Y bendito sea el español, el idioma más hermoso de todos (sí, más que el francés).
Fui comprendiendo entonces que si pudiéramos sentirnos más propiamente como lo que somos, esta mescolanza mal hecha pero hecha está y ya qué, si aceptáramos que por razones fuera de nuestro control estamos más cerca de España de lo que desearíamos; que sí, que con toda razón lleva el mote de "Madre Patria": desobligada, conflictiva y abusiva (pero dicen que Madre sólo hay una, jodímonos), España a su vez es un país que sostiene con alfileres la frágil idea de nacionalidad, he platicado con tres españoles últimamente y no percibo otra cosa más que desprecio de unos a otros; si nos enseñaran desde niños que ni siquiera fueron conquistadores, que no eran más poderosos ni más inteligentes, sino aprovechados, aprovechadísimos de que Mesoamérica estaba ávida de traicionarse, si... si todo eso pasara dejaríamos de ser los agachados-malinchistas-sí-güerita-pásele-pinche-naco-prieto-aléjate-de-mí. La aceptación de que no podemos definirnos dada la inmensidad de nuestras raíces, que somos más que un mestizo fórmula "español + indio". Que el nacionalismo poco tiene que ver con el color de la piel.
Hasta hace poco me di cuenta del daño que también significa mitificar el mestizaje en México: ha producido una marginación aún más cruel hacia los indígenas y el optimizado el cómodo altar estético y económico de los descendientes directos de españoles.
Me entra la curiosidad y empiezo a investigar ¿de dónde es la gente de la que tengo genes?. El estado de Guerrero es un misterio, pocos registros, actas adulteradas, rastros perdidos. Cuahutémoc nació en Ixcateopan y sus restos están enterrados en la Iglesia del lugar -municipio adjunto al del pueblo familiar-. La zona norte del hermoso estado de mis padres estuvo poblado por pueblos nahuatlacas (primigenios mexicas, las tribus que salieron de Aztlán), chontales y purépechas. Incluso hallé información que habla de alguna supuesta migración post-conquista de grupos aztecas al territorio. Mi lugar favorito de la infancia es ése sitio en Guerrero donde me di cuenta que mis ancestros indígenas resultaron migrantes al igual que los hispanos.
He recorrido las principales zonas arqueológicas de México: Palenque, Tulum, Chichén Itzá, Cuicuilco, el Templo Mayor, Malinalco, Teotihuacán, Tajín, La Venta, etc. Por eso me irrita en demasía la crítica de la que he sido objeto al expresar mi NECESIDAD por visitar y conocer la otra parte de mis raíces. "Ay sí, 'ora resulta que muy europea", ps sí güey, un pedacito sí lo es y no tiene nada de excretable ni arrogante. Si no puedo construir una genealogía familiar más allá de cuatro generaciones, me la supondré. Mis apellidos son del centro y norte de España. El materno es Vasco, el paterno viene del Duero. Y ambos apellidos hacen honor a los árboles (oh, todo parece encajar tan bien). No percibo a España por debajo de los Mesoamericanos, pero tampoco por encima de ellos. Me ilusiona comtemplar el paisaje que también vieron hace siglos personas que decidieron emigrar de su país sabiendo que jamás volverían, tal vez así logré imaginar qué los motivó y si llegaron a dilucidar que de alguna manera futura regresarían a su terruño en forma de turistas mexicanos. Porque más que el presente y el difuso futuro somos el pasado, como cuando veo sentarse a mi sobrina Ana Patricia. Se acomoda con ademanes tales que mi madre dice que está viendo a su bisabuela, la misma forma de cruzar la pierna y recargar el codo en la rodilla, la exacta inclinación del antebrazo, la mano izquierda acariciando la infantil espinilla. La escuincla repite sin saber, las maneras de alguien que nunca podría conocer dado que murió cincuenta años antes de que naciera, de alguien que poco parece tener que ver con ella y su vida de principios de siglo XXI donde juega con con un ipod y observa sin asomo de sorpresa las calles de las grandes ciudades con google street view.
Aunque alejados, también somos los que eran.
Era una noche de verano. Los planes de viajar ese año a la India se habían ido al carajo gracias a la contingencia de la influenza, el freelance imposible de dejar, y a la falta de entusiasmo de la amiga con quien había comenzado a planear tal viaje. Decidí que para mis vacaciones de verano (una raquítica semana) iría al norte, a Coahuila, a Cuatro Ciénegas. Le platiqué a mi amiga bióloga y le entusiasmó la idea, pero circunstancias personales le impidieron ir. No hubo nadie que conicidiera en tiempo o en destino. No quise ir sola. Adiós vacación.
Esa semana la pasé en casa haciendo muy poco. Llegó el jueves y organizaron una despedida para Lear que regresaba a Cambridge después de unas semanas en la ciudad, nos quedamos de ver en la Coyoacana. La plática fluyó a la par que la bebida, Nuria me habló de Barcelona, Emilio platicaba del futuro que se asomaba para él en Chicago, seguramente Jordy dijo algo de Alemania, Carlos no puede evitar hablar de Tango. Ya encarrerados nos fuimos a casa de Lilián a seguir platicando -y bebiendo-. Hablamos de historia, de América Latina, la truculenta Independencia de Mexico, la revolución confusa. Y nos dieron la una, las dos, y las tres... y las seis.
Me quedé a dormir allí, por lo que Lilián y yo pasamos el día juntas. Recuerdo que vimos "Sinécdoque New York" (tengo una enfermedad congénita que me impide pronunciar sinécdoque correctamente). Caminamos por la Roma, la Juárez y Reforma -"Mira ahí está la casa de Marcelo Ebrard"-, charlamos más y más. Si me preguntarán de qué, no sabría decirles. De todo y de nada, sólo recuerdo un tema: Moverse. ¿Qué pasa con alguien que no se mueve?, y por no moverse me refiero no a estancarse, sino a sentirse estancado, conformarse con lo conocido. ¿Cómo puedes entender el mundo si no lo conoces, si no experimentas, si no vives?. ¿Qué es conformarse? ¿Qué regla es la que establece "la hiciste" "la regaste"?. A mí me gusta la rutina, es segura, confiable. Hasta ahora no había tenido queja alguna de no cambiar muchos aspectos de mi vida dejando que el barco llamado tiempo me llevara tranquilamente. La rutina para Olga de veintiséis años estaba bien, tal vez hasta los treinta o treinta y dos. ¿Pero si a los treinta y cinco un día despierto queriendo matar a la de veintiséis por no haber hecho más que esperar que el destino la transportara a un lugar que no le place?
De regreso a casa de Lilián analizamos las opciones para la noche y decidimos ir a una fiesta a la que Jordy nos había invitado. Me sentía un poco-bastante incómoda, pues llevaba la misma ropa del día anterior. En algún momento de la reunión me quejé de ese hecho, dije en voz alta que estaba "toda puerca" (pero sí me había bañado, eh). Luis, me preguntó el porqué y le expliqué que me había quedado a dormir en casa de mi amiga. "¿Entonces eres freelance como Lilián?", "No, trabajo en (inserte nombre de mi extrabajo), y estoy de vacaciones, por eso no fui a la oficina". Luis con cara de sorpresa, me increpa: "¿Pero y por qué estás aquí y no en... una playa?".
"¡Pero qué bonita niña!". Responder a eso es fácil a los cuatro años, dices 'gracias', bajas la cabeza tímidamente y te echas a correr con tus primos. O no dices nada y sólo sonríes mostrando una mueca infantil bastante tétrica pero que las tías y fotógrafos de estudio adoran. Si haces esto último, con certeza volverán a decir que eres bella, o avispada, o armónica o que los bonitos ojos que tienes debajo de esas dos cejas son iguales a los de papá.
Siento que nunca he podido reaccionar satisfactoriamente cuando me chulean. Si contesto con un gracias, me sonrojo y colorada ya no sé qué hacer. Se me ocurre responder con un cumplido. Es lo peor. Pocas cosas pueden parecer más forzadas (aunque no lo son del todo, vamos, si contesto un 'tu corte de cabello también está chingón, es muy probable que sea cierto) que responder a un halago con otro. Pero si no digo nada me siento como si cometiera una grosería fatal. Debería existir un manual "Qué hacer o qué no hacer cuando la halagan".
También se cree que el aplauso es condicionado. Alguien que quiere quedar bien, ganar confianza, se busca la amistad inmediata. Yo prefiero evitar a la gente que me adula demasiado de buenas a primeras, sobre todo en un sentido estético. Y si es hombre aún más.
Está tan devaluado el correcto sentir de las cosas. Si escribo un "me siento fea", parece que la reacción elocuente o lo que estoy buscando es "pero si eres muy bonita" y pues no. No y no y no. Déjame revolcarme en mi frustración, carajo, maldita época del porrismo superacional. Nada como aceptar las carencias sin lamentos ni congojas. No debería ser triste ser feo. Es fortuito. La belleza, además, depende mucho de donde estés parado: en un lugar soy la más fea del grupo, en otro soy la más llamativa, en otro la más delgada, en otro la más fofa, en otro... depende del espectador.
Prefiero mantenerme prudente ante los aplausos porque aceptar tan fácilmente una loa deriva en terribles actos de estupidez ególatra. Sin embargo existen los ingenuos o soberbios -peligrosa pareja para la calidad- que no optan por tal opción. Se toman demasiado en serio sus cualidades y las subliman hasta la ridiculez. Está sobrevalorada la sobrevaloración de las capacidades: basta darse una vuelta por librerías, salas de arte, cines, están pletóricas de prosa barata, guiones mediocres, actuaciones paupérrimas, música vulgar. Más triste es el ridículo endiosado del petulante que el fracaso genuino del humilde.
No todos los pasatiempos son explotables. Por ejemplo, a veces escribo cuentos, o hago ilustraciones. Me divierto, pongo a trabajar la creatividad que por lo general está al servicio de los deseos de un cliente atolondrado, descubro cosas nuevas de mí, saco corajes que traigo atorados en la psique. Pero eso no me obliga a enseñárselos a nadie ni a jactarme de ser buena en eso. No lo soy y no tiene absolutamente nada de pernicioso. Lo hago para mí, no necesito aplausos o repudios. No me emociona la idea de ser reconocida o resultar un diamante en bruto que al ser pulido iluminará el arte mexicano -qué absurda presunción-. Siento que el artista o creador que busca tales fines no es más que una diva, aspiración idéntica a la de una estrella pop. Y ya hay suficiente plástico en el mundo.
¿Es entonces la trascendencia tan importante? ¿La buscamos para estar en el centro de un escenario y ser admirados, envidiados, aplaudidos? ¿En eso se ha transformado el arte, la estética, en una puta de la popularidad?.
En otro lugar están los genios desconocidos, quienes ante esta hoguera de las vanidades prefieren esconderse. Y entre más se les conmine a "salir del clóset de la ignominia", más se les festejen las capacidades, ellos menos convencidos estarán de exhibirse. No lo hacen porque saben lo anterior, no quieren mezclarse con el vulgo drogado con lisonjas. Cada adulación los abruma. No es lo que buscan.
Acabo de llagar de un baby shower. Otro de mis amigos va a ser papá, sí OTRO. Así que el hecho de que tal reunión se organizara justamente el 14 de febrero me hizo olvidar todo el día la emotiva festividad que tantos odios -embarazos, ETS- acarrea.
Llego a casa, me siento extraña. De buen humor pero... blah, es de esa clase de emociones difíciles de explicar y que la forma más elocuente que encuentro es decir cómo NO me sentía: contenta. Entonces vengo al blog y busco qué escribí hace dos años acerca de tan condenado día. Oh, todo es tan distinto hoy. ¿Es triste? ¿previsible? ¿natural?. Mientras lo releo me llama la protagonista de ese post. "No puedo ir a comer contigo mañana, es que es cumpleaños de mi jefa y vamos a ir con ella". Le contesto que no hay problema, que otro día será, pero en realidad ya no me interesa mucho. Desde diciembre se ha postergado tal encuentro. "Es que justo hoy quedé de ir a comprar los regalos de Navidad con mis compañeros de trabajo al centro comercial". "Es que...". Pff. Sniff.
En la parte inferior del post escribí los nombres de todos mis amigos con tipografía blanca (como secretito, ji ji). Hoy los reviso y... úchalas, ya no son los que eran. Muchos de ellos me representan sólo un manchón de tinta -y encima, "tinta BLANCA"-, una cara conocida, anécdotas blureadas. Otros ya ni siquiera deberían estar en dicha lista. No lo digo por aquellos que dado el acomodo cronológico merecen el lugar aunque ya no sepa mucho de sus vidas.
Bueno, está bien, el chisme.
A mis amigos de la secundaria es perfectamente normal que ya no los vea. Uno vive en provincia -ni siquiera recuerdo el lugar- otro es un médico atormentado y quejicas, que a pesar de vivir en el De éfe nunca se ha dejado ver -por nadie- "es que la clínica, es que la clínica", a los demás les perdí la pista. Una de ellas me mandó un interesante mail hace unas semanas, el título "Noticias de Fulanita". Me cuenta que de momento está en Oaxaca -ah, ella también es médico-, sufre porque no está cerca de su esposo -se casó a los 22-, me habla de su hermano menor en Europa, sus planes hijísticos a futuro. Aprecié que me mandara el mail, sobre todo porque me dijo también que casi no entra a internet. Lo que me sacó de onda es un "te quiero" al final. Aún no le he contestado. ¿Qué le digo en seis líneas a alguien cuya última vez que vi fue hace casi 5 años en su boda?
De ahí en adelante mis amigos tienen mayor presencia en mi vida. Pero "el camino nos lleva por senderos diferentes" y todo vale madres. Yo a veces le saco a ir con mis amigos de la prepa-universidad pooooorqueeeeee:
Hay un desfile de triunfos y pláticas donde todo es perfección, como si los años de convivencia y confianza se hubieran tirado al caño. La puritita medición del éxito. Sé que aunque me estuviera quedando sin un quinto, tuviera gangrenada una pierna y mi gata hubiese orinado encima de mí -y en la gangrena-, no se los diría en esas tertulias. JAMÁS. Y tal vez de ninguna otra forma.
Y es horrendo, absurdo, que a muchos de ellos ese cambio de actitud, mentalidad o cómo quiera llamarlo lo achaque a su estatus marital-sentimental (justo como a la protagonista de aquel post). Y no, no hablo desde ningún tipo de envidia. Está comprobadísimo que las parejas tienen menos tiempo para... lo que sea. Los solteros movemos al mundo. Bueno, NO. Pero tenemos más tiempo para salir, conocer, viajar. *Disponibilidad*. Por eso cuando conozco a alguien casado-aparejado que puede salir sin su látigo, que cuando platica de su vida puede DESLIGARLA de la vida de pareja, quisiera ponerme de pie y aplaudir la independencia maravillosa de una relación sana y sin apegos psicópatas y miserables. Sobre todo, y lo digo con tristeza ya que soy idealista, porque la mayoría de las parejas que conozco son producto de:
A)Solo con mi soledad.- entiéndase, mi desesperación es tal, que ando con él/ella porque dos días conmigo/a mismo/a son insufribles. Efecto secundario 1: suicidas potenciales si la relación termina. Efecto secundario 2: léase el inciso C.
B)Soy emocionalmente débil.- tradúzcase como: Necesito a alguien con quien pueda estar constantemente quejándome, llorando, platicando, mi apoyo moral, emocional, espiritual, PERO EN EXCESO. "Ay, amor". Mi receptáculo más fiel de quejas, miedos y frustraciones. Síndrome de princesa en la torre (r-e-s-c-á-t-a-m-e). Yo perdí a dos amigas así.
C)Estaba borracho/a y en una fiesta.- A este le llamo "No sé cómo llegué aquí". Es cuando un atarantado/a termina enredado/a en una relación sin saber cómo. "Les juro por dios que nunca voy a andar con él/ella, nomás es un free". Yo les digo semanas después: "parece que él/ella fue más listo/a". Los efectos secundarios de este inciso son un tanto crueles. Nunca saben cómo salir de ahí tampoco.
D)La tarjeta de crédito.- Ps el puritito interés, -cualquier interés aplica-. Este es peligroso, se disfraza de un enamoramiento intenso. No confundir la natural admiración con "te voy a usar como muleta/banco/escalera/trofeo". Y menciono la admiración porque la creo ingrediente esencial para eso del amorcillo.
E) Hormona mata TODO. "Es que no puedo dejar de coger". Agréguense subincisos como: E.1.-Nadie más quiere coger conmigo E.2.-No he cogido con nadie más en la vida y ya me acomodé aquí E.3.- De verdad no puedo dejar de coger y mis free's no me alcanzan (y esta pareja es la única que se hace de la vista gorda).
También están los novios bonitos y esas historias lindas que son menos tarugas y poco criticables. Por eso a veces me pregunto qué tan válido (o difícil) es encontrar a "esa persona especial" y echarlo todo por la borda, cambiar tu mundo completamente y compartir la vida cuasiexclusivamente con ella. Sólo se me ocurre que debe ser alguien maravilloso, indescriptible, la GRAN conexión, el zoquete del que no te aburrirías nunca aún cuando ya no se es víctima adicta de oxitocina (o cualquier hormona relacionada). Pero igual y son figuraciones mías, además de que estadísticamente es poco probable -pero no imposible-. Pero y yo qué sé -pero a lo mejor creo sí lo sé-. ¿Pero y si no? -¿pero y si sí?-.
-(Debería crear una nueva etiqueta que diga "Uso el blog para quejarme a lo güey", ah, no, para eso era.)-
Entonces les digo: Bienaventurados aquellos que conservan a sus amigos y no se absorben en la relación parejil dejando todo de lado, porque de ellos será el reino de los sensatos.
El primer día de clases. El primer beso. El primer día en un trabajo nuevo. El primer vuelo en un avión. Las primeras veces son promesas. Las promesas, esperanza.
El inicio de cualquier cosa en la vida supone emoción, energía, ímpetu. Es el uniforme reluciente, la puntualidad, la simpatía desbordante, el nerviosismo magnífico -al que yo suelo llamar 'miedo bonito'-. Todos queremos dar lo mejor de nosotros mismos. Es que "la primera impresión nunca se olvida". Me gusta ver como inicia la gente. Por ejemplo muchas parejas mediocres. Las primeras pláticas y citas de estos personajes están plagadas de ideas chispeantes, bromas acertadas y discursos donde tratan de esconder al máximo sus manías o pasados cuestionables. Me gusta ver cómo se disfrazan, cómo pretenden durante esos pocos días, semanas o inclusive meses, ser el ideal encarnado del zoquete a conquistar. Pasada la primera etapa de ensueño, todo regresa a la normalidad. No es TAN encantador(a), no es TAN aventurero(a), no es TAN amoroso(a), es m-e-n-t-i-r-o-s-o (a). "Debimos quedarnos sólo con el principio, para qué lo hemos traído hasta aquí".
El curso natural de la vida supone cambios. Las parejas chingonas también tienden a separarse, aunque por razones menos hipócritas que un actor que se ha fatigado de la obra. Simplemente dejan de ser, no se maquillaron a la hora de conocerse. El "click" fue auténtico y no forzado. El entusiasmo se diluye paulatinamente, como la pintura en la fachada de la casa de una ciudad costera cuyo desgaste sólo se nota a través de los años. Cuando todo haya pasado, la memoria les traerá el retrato de esos días donde todo era felicidad y será sólo por esos momentos primigenios que sentirán nostalgia recordándose mutuamente. El final y el tedio serán reducidos casi a sílabas (o palabras altisonantes) en comparación con el vademécum y tratados resultantes de aquellos instantes donde surgió el amor.
-Quisiera siempre recordarte sólo como en el principio, no en el acabose. Hasta connotación peyorativa tiene "acabose" -le dió el acabóse-, sinónimo dominguero de "está que se lo lleva la chingada, pobre pendejo no sabe ni dónde terminar con su miserable existir".-
Lo mismo pasa con los propósitos de año nuevo. El energético arranque disminuye, fastidia, aburre y se convierte en un pusilánime ensayo que termina, si bien nos va, en el mes de marzo.
Por primera vez en mi vida estoy haciendo todo aquello que me propuse. Ni yo lo puedo creer. Y a sabiendas de que talvez baje la guardia y todo este entusiasmo que raya en lo ridículo me colme de fastidio o derive en un absurdo, quiero proponerme un "no me importa". Eso no me detendrá, el miedo al fatídico final no me detendrá esta vez. -Escribo con tanta determinación que siento que soy otra-. En el pasado hablé de la pérdida de la esperanza, y hoy recurrí a ella al inicio de estas líneas.
He dado ya los primeros pasos. Fanfarrias.
Este mes ha sido uno de los mejores-mejores-mejores eneros que he vivido (a veces tanta positividad me aturde. Tanta buenaondez de la vida me espanta. Pienso que hay una cuenta que pagar y no me vayan a pasar factura con un cáncer en mi pobre e inocente páncreas en mayo. Pero entonces recuerdo aquellos tiempos apestosos -obviedad, estaban llenos de mierda- y prefiero pensar que es hora de disfrutar un poquitín).
Cuando entré a trabajar a las oficinas de periférico, pensé que iba a aprender a manejar y tendría auto. Tomé un curso y hasta circulé por avenidas chonchas, sin embargo no aprendí a estacionarme y llevo más de dos años sin tocar un volante. Descubrí que lo mío, lo mío, lo mío, no es manejar. No es por que lo hiciera mal -en contra de lo que muchos puedan pensar- es porque NO ME GUSTA. También descubrí que no me agradan los autos. Muy caros, muy sucios. Recuerdo que durante aquel cursillo, mi instructor usaba un Tsuru modelo noventa y pocos. Me resultaba incómodo que algunas personas me rebasaran o me voltearan a ver con aires de grandeza sólo por el auto donde venían trepadas, como eso si les diera derecho a manejar peor que cafres, como si el espacio de la calle lo pagaran con el valor de su pinche carro. En una ocasión durante un alto, un pelmazo que venía en un...chale, es que ni me sé los nombres de los modelos, bueno, venía en uno muy caro, dirigió su mirada hacía mí como diciendo "pero en qué pinche lata vieja te mueves... ¿Acaso desde tu pobreza no me encuentras irresistible, nena?". No es un delirio ni lo que algunos denominan como "resentimiento social", no, se puso el semáforo en verde y el güey ése seguía mirándome y haciéndose pendejo, pffff, mejor avancé yo, no sin antes hacerle la jeta de hartazgo más culera de mi vida. Pendejo-métete-tu-nave-a-ver-si-te-cabe. Vamos, es la PEOR y más pendeja medida de status económico. Con la ropa es distinto. Con la educación es distinto. El auto es el único lugar donde te "valoran" antes de verte o escucharte o conocerte. Muchos amigos y familiares se sorprenden de que a mi avejentada edad y después de algunos años de trabajar, aún no tenga auto. "Ha de estar bien jodida", piensan. Babosos, no hay cosa que se devalúe más que un coche. Y encima la tenencia, y encima el seguro, y encima el servicio, y ay de ti, pero ay de ti donde choques y el seguro no lo cubra. No gracias, cuando quiera algo que me chupe el dinero peor que un vástago, mejor me compro un perro.
¿A quién no han estado a punto de arrollar vilmente? ¿Cuántos automovilistas te han tocado el claxon para que atravieses más rápido una calle? ¿En qué momento dejan muchos de ser personas al momento de treparse a su auto?
Ya que ha quedado claro el primer punto del por qué me desagradan los autos, pasemos al segundo. ¿En qué cabeza obtusa cabe la idea de que TODOS debemos-deberíamos manejar un automóvil en una área metropolitana con 20 millones de habitantes, vialidades estropeadas y centralizada?. Me queda claro que a los primeros que dicha idea les parece perfecta es a los potentados de la industria automotriz y petrolera. Y resulta aún peor la creencia de que poseer un auto sea la felicidad máxima de un trabajador y ahí se vean reflejados los esfuerzos de años de ahorros -o de años de pagar un crédito-. Gran ironía: ¿Para qué ocupa el trabajador el auto?, básicamente para ir a esa oficina esclavizante al igual que otros miles y hacer de las calles el monumento a la lentitud. Me da la impresión de que en lugar de que el auto sea de su propiedad, ellos son la de él. "Es que no puedo ir a comer-salir-tomar café- porque tengo que pagar la mensualidad de... y me quedo bien bruja".
Hace un par de semanas tuve que ir a Bosques de las Lomas. Llegué más rápido en metro (en hora pico, qué placer) y camión -los camiones nuevos de Reforma son tan limpios y eficientes-. Puedo leer, ver gente, burlarme de peinados horrorosos, escuchar conversaciones ajenas y altamente twitteables, ir viendo la calle y a la gente en ella . Puedo OBSERVAR. No negaré que al mismo tiempo se está más expuesto a cierto tipo de atropellos y situaciones desagradables. Pero yo prefiero todo eso a manejar... y a contaminar (ay, todañoña).
El tercer punto es el más obvio: la polusión. Asco. La cantidad de gasolina que quema un auto de 4 plazas que sólo ocupa UN oficinista estresadito. Mi hermana mayor trabaja en Santa Fé -pobre mujer- y pasa por compañeros de trabajo al metro Hidalgo de tal manera que no se "deperdicia espacio".
Crean o no (como si se tratara de religión, háganme el favor) en el calentamiento global, a mí sí me da náuseas el hedor de las avenidas muy transitadas además de ver la nata mugrosa alrededor del Dé_éfe. Y más asco me da ver tanto conflicto-dependencia petrolera.
Tengo la suerte de vivir cerca de un metro y de no ser penosa para pedir aventón.
Lo único que venía a decir es: no insistan, no me voy a comprar un auto. No ahora. Prefiero usar mi dinero de otra forma, una más provechosa.
P.D. Olvidaba que también me da mucha ñáñara atropellar a alguien por andar en la pendeja -algo relativamente común en mí-, también incluyo en este apartado el miedo a un choque que sea mi responsabilidad.
Peco de solemnidad muchas veces. Lo que para muchos puede ser una celebración insensata y pasada de moda (¡mejor-vamos-a-un-halloween!), para mí acarrea introspecciones y diálogos internos donde participan varios interlocutores. Intento platicar con ellos: con "Los que ya no están".
Y me gusta recordarlos, buscar sus fotos, pensar que les gustaba, hacerles un espacio en medio de la casa, justo como si estuvieran de visita y los sentara en la sala. El mezcal de mi abuelo, los cigarros de mi tía-abuela, la cervezas de mi tío y tía.
Y es mi abuelo, la ausencia más reciente.
En el pueblo de mis padres (como en muchos) se acostumbra llamarles "ofrendas nuevas" -lógico- , cuando es la primera vez que alguien es protagonista de una. Los amigos de la familia tejen y bordan servilletas con santos y motivos religiosos, se usan ésas para adornar en lugar del papel picado. También se elabora un acróstico con el nombre del muerto nuevo. Mi abuela me pidió que escribiera el de Hermilo. Como podrán darse cuenta, no soy precisamente una persona de letras, pero hice lo posible por componer algo que le hubiera arrancado una carcajada al viejo. He estado pensando en él casi todos los días. Hasta mi madre dice que al escucharme hablar, diciendo "disparates" constantemente, siente que oye a su padre, que soy igual de sociable y dicharachera que él. Yo misma me doy cuenta que hay aspectos de mi carácter que comienzan parecerse mucho al suyo. Cumplí un año un mes sin verlo ya.
Mi papá elabora año con año una caja blanca perforada con la forma de una cruz a la que le mete un foco y coloca en la parte superior de la ofrenda. La forma en que mi mamá va acomodando las cosas y el número de veladoras que ponemos tiene significados. Sus hermanos y su padre ocupan el lugar privilegiado en nuestro altar. Desde niña me gustaba verla acalorada llegando del mercado de Jamaica con ramos y ramos de flores, velas, bolsas con calaveras, incienso -oh, el sutil aroma del incienso que inundaba la casa-. Ella me contó una leyenda de "el ánima sola", aquella alma que no tiene quien le ponga una ofrenda y por lo tanto se pone un luz "extra" en la ofrenda dedicada a ella. Desde entonces me da tristeza la facilidad con que muchos muertos son olvidados. Varios años hemos ido al panteón francés a visitar la semi-abandonada tumba de la tía abuela Basave. Aproximadamente el 70% de las lápidas están sin flores en pleno día de muertos. Es tristísimo. También resulta escalofriante ver los monumentos de los sepulcros de niños. Son angelitos descuidados y avejentados que se ven tétricos. La mayoría son de principios de siglo pasado, es fácil darse cuenta que casi todos esos niños y bebés murieron por nacer en un tiempo sin vacunas ni penicilina.
El día de muertos es la celebración de la nostalgia, del apego y de la terquedad. Yo no lo veo como un evento puramente jocoso donde los mexicanos nos burlamos de la muerte, lo percibo más como la noche donde le decimos: no nos podrás separar nunca, mientras yo viva no lograrás que los olvidemos.
He fantaseado con mi propia ofrenda. Cómo no hacerlo si ha estado tres veces cerca de materializarse. Quiero que sea majestuosa. Quiero sendas garnachas y salsas en mi altar. Cigarros, tequila, mole. Quiero que pongan mi mejor foto y de fondo mi música preferida. Es la cúspide del egocentrismo: yo no quiero que me olviden cuando haya muerto
Y lo que más quisiera, más, es poder verlo. Eso último es el mayor anhelo que tengo en la vida. ¡Ja!.
Y el olvido.
Hace dos años tuve la "ideota" de abrir un blog y empecé a escribir sandeces aquí. Jamás imaginé conocer a tanta gente, hoy adorada y querida, por acá, hola muchachos. No he posteado, cada vez tengo más en el olvido a mi blog.
Hubieron hartos cambios desde que dejé de escribir. He pensado mucho en este espacio aunque prácticamente llevara más de un mes sin visitarlo: cambiarle el nombre, el propósito, mi zoquete nickname, el diseño, usar sólo una temática en todos los post: /personal/cinéfilo/chistosón/cábula/intenso-azotado/México D.F./Quejica/prentencioso/diseñísitco-profesional/Gadgetero. Pero para qué, mi blog tiene todas esas etiquetas, y aunque cada vez me cuesta más trabajo postear porque muchos de esos lectores virtuales ya tienen rostro y qué pena, adiós pseudo anonimato y balconeo amigueril. Llegue a la conclusión de que no quiero unificar su línea, que sea de chile, mole y pozole. Y en definitiva no lo cerraré.
Hace unas semanas fue mi cumpleaños y entré en crisis. Siempre entro en crisis. Desde mis once años sufro con la llegada de un año más. Primero no quería dejar la niñez, luego la pubertad, luego la adolescencia. El caso es que "le saco" a seguirle para adelante. Y discúlpenme las mujeres de treinta, pero me me han contado cosas terribles de esos lares y menos animada me siento de acompañarlas (no se alteren, lo mismo me decían a los diecisiete de las de veintitantos "ya vas a trabajar y qué feo es eso, disfruta la universidad")-¡Es broma!-. Detesto todo lo negativo que se dice de la tercera década, lo que en teoría debemos ser-poseer-anhelar. Lo que en verdad me preocupa de la edad es la pérdida de la capacidad de asombro.
Ejemplo un tanto bobo: fui al concierto de Placebo y al de Depeche Mode. Ambas son de mis bandas favoritas. A las dos las visto en otras ocasiones. Algo cambió, los conciertos me entusiasmaron, la compañía no pudo ser mejor...pero no fue lo mismo que en años atrás. Me recuerda a quella teoría de Kundera, donde habla de la repetición. Un hombre le dice a la primera mujer de su vida por primera vez "te amo" y nadie duda de la autenticidad de sus sentimientos. Es enternecedor. Pero si ése mismo hombre le dice a la vigésimo sexta mujer de su vida por vigesimo tercera vez, "te amo", simplemente es ridículo, aunque su amor sea tan verídico e intenso como el de la primera.
¿Será que conforme pasa el tiempo todo se vuelve terreno conocido?.
Me da pavorconvertirme en una película que de ver tantas veces, que aunque sea de mis favoritas, llegue a aburrirme y la única sensación que despierte sea la nostalgia...o peor aún el tedio.
Los últimos cuatro años de mi vida fueron como una especie de anestesia, de la que apenas voy despertando. Continuamente me repetía a mí misma, los lugares, la gente, las situaciones. Hace poco recordaba cómo era hace una década. Aunque no supiera bien a bien qué rumbo tomar, siempre había una especie de señalamientos que indicaban la ruta: los años preparatorianos, trimestre tras trimestre en la carrera. Finalizar la universidad y luego hacer el servicio social, los pininos laborales, el primer GRAN trabajo, los retos superados. Entonces el hecho de llevar trabajando en el mismo sitio más de tres años, pareciera indicativo de que DEBE terminarse el ciclo. Ya no sé qué hacer o a donde moverme, ya no hay señales en el camino, sino neblina: incertidumbre. Hace quince días me cambiaron de instalaciones en mi chamba. Y de alguna forma tiene significados, me representa cerrar un círculo. Es una tontería, sólo se trata de un lugar, de un espacio. Según rumores tal vez hasta deje (mos) de trabajar ahí, aún no lo sé. Ya no me preocupa como en este post. Ya no quiero tenerle miedo al cambio, a crecer, a envejecer. Renuncio a la monotonía y la nostalgia. A la melancolía y al pasado.
Es momento de buscar esas nuevas experiencias que puedan volver a remover los cimientos de esta arcaica construcción. A ver, ¿qué me falta por hacer, y que tenga el valor y oportunidad de llevar a cabo?. La lista es TAN larga.